Dejar de Fumar es algo mas que NO encender un cigarrillo.. Dejar de Fumar es una Opción de Vida.. Dejar de fumar es un acto de respeto hacia nuestro cuerpo.. Dejar de fumar es volver a tener el control de nuestros impulsos y en definitiva... de nuestra vida



GRACIAS, NO FUMO


¿FUMADORES PASIVOS?




Radialistas Apasionadas y apasionados


sábado 28 de febrero de 2009

Dibujos animados libres de humo.


Los jóvenes que ven fumar en las películas
tienen mayor probabilidad de hacerlo ellos mismos.


American Legacy
demostró que más del 90% de las películas
contienen escenas tabáquicas, y los más expuestos son
los niños y adolescentes.



Si bien todas las ONG apuntan contra la industria, SmokeScreeners, un programa de la Quit Doc Research and Education Foundation, específicamente lo hace contra el emporio Disney.

Y razones dicen tener, sobre todo, en lo que respecta a los films clásicos de la compañía que muestran no solo a los villanos Cruela Deville con su extensa boquilla, o al Capitan Garfio que fumaba dos cigarros a la vez, sino que muestra a los héroes y heroínas fumando: Pinocho, en el film homónimo de 1940; el personaje de Alicia, en Alicia en el País de las maravillas (1951); Peter Pan y los niños perdidos, en Peter Pan (1953); Roger, el dueño de los 101 dálmatas de 1961; Ariel, en La Sirenita (1989), y el genio, en Aladin (1992).

"Estos son protagonistas de películas para todas las audiencias, producidas por un estudio que es sinónimo de «para toda la familia». Como padres no podemos ignorar este problema, porque promueve en nuestros hijos la falsa idea de que fumar es una conducta normal, y no una droga adictiva", se lee en www.smokescreeners.org.

La razón la da al diario Boston Globe, Matthew McKenna, director del departamento de tabaquismo del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos: "Cualquier retrato del uso del tabaco en un contexto positivo o glamoroso incrementa el riesgo de que los chicos fumen". Según el médico, los adolescentes que están expuestos repetidamente a películas en las que sus personajes fuman, tienen una o una y media más de probabilidades de comenzar con el hábito que los chicos que ven menos veces esos films.

El diario The Washington Post citó un estudio de la Universidad de California en el que se muestra que de 216 films producidos por The Walt Disney Company (incluye también a Miramax y Touchstone) entre 1999 y 2006, en 161 se fuma. Según datos de la organización smokefreemovies, Walt Disney fue el estudio que más películas tabáquicas produjo en 2002: 14 de ellas para todo público y 13 solo para adultos, pero llegó el momento de la reivindicación.


Dibujos animados libres de humo

Los personajes de los estudios Walt Disney son los primeros en saltar la valla y pasar a ser los más saludables de la gran pantalla, pues sus creadores anunciaron en septiembre del 2007, que prohibirían el acto de fumar en todas las películas familiares que lleven su sello. Con esta medida, Disney se convierte en la primera compañía del sector de producción cinematográfica de Hollywood que elimina el tabaco de sus cintas. Además, intentaría que se aplique el mismo espíritu contrario al tabaco en las producciones que se adquieran para los sellos Touchstone y Miramax, de los que es propietario el presidente ejecutivo de Disney. Otra de las primeras medidas que Disney llevaría a cabo en su cruzada contra el tabaco consistiría en alentar a los propietarios de salas a mostrar anuncios contra el tabaco antes de la proyección de películas infantiles. Esta campaña anti-tabaco forma parte del compromiso adquirido por la compañía para promocionar hábitos saludables entre los niños.


Fuente: corrientesonline



jueves 26 de febrero de 2009

Los cambios de Taby.


En primer lugar, llevo muchos meses que no toso ni me duele nada. Antes sufría mucho de dolor de espalda, cervicales, lumbares, en cuanto tenía una tensión se me plantaba en el cuello o en las dorsales y siempre estaba destorciéndome, empastillándome o en el fisioterapeuta. Había llegado a pensar que era crónico. Ahora se ve que mis músculos reciben más oxígeno porque no me duele nada de nada desde que dejé de fumar, y no me han faltado tensiones.


Ya se me ha olvidado lo novedoso de la sensación, pero tengo las vías respiratorias limpitas y despejadas como patenas. La capacidad cardiorrespiratoria lo nota mucho, yo he vuelto a poder hacer aerobic de ese machacante, que antes ya no podía. No es que me entusiasme el aerobic, pero me gusta poder hacerlo si quiero.) Cuando se te pasa un poco la necesidad de estar completamente alerta para que no se te vayan las manos a las cajetillas ajenas te das cuenta que de la multitud de estresores diarios que te rodean te has ahorrado unos cuantos. Por ejemplo, yo viajo en metro y bus una hora para ir a trabajar. Imagínate esos viajes fumando como cosaca, te los pasas histérica esperando salir a la superficie con el cigarrillo en la mano, subiendo las escaleras de 3 en 3 para salir y fumar. Bonita forma de comenzar la jornada. Ahora en cambio puedo ir leyendo tranquilamente y empezar el día sin agobios. Te ahorras la tensión de las reuniones largas sin fumar, y de tener que salir a la puerta de la oficina, y de preguntar en los bares si se puede o no fumar, y los viajes en tren o avión pueden ser muy placenteros para los no fumadores. Aprendes a estar sentada tranquilamente en una habitación sin hacer nada, sin fumar, ni comer, ni morderte las uñas. (Al principio comes, pero luego también se te pasa.

Mientras estás dejando de fumar te parece que estás eternamente pendiente de no fumar y eso te crea estrés. Pero cuando ha pasado un tiempo razonable, te das cuenta de que antes estabas permanentemente pendiente de fumar y, como ya no lo estás, esto te libera una cantidad de energía, tiempo y tranquilidad que antes no tenías. La vida sigue igual que antes pero cuando llega navidad y haces tus propósitos de año nuevo te das cuenta de que ese lo puedes marcar como hecho y entonces puedes afrontar todas esas cosas que querías hacer y que eran incompatibles con el tabaco.

El proceso también tiene sus consecuencias negativas. Para la mayoría de la gente es inevitable engordar, aunque todo el que me lo ha contado lo ha hecho en tiempo pasado, es decir, luego se lo quitó. Yo he engordado 16 kilos, nada más y nada menos, y sólo últimamente parece que el progreso se ha detenido y puedo empezar a adelgazarlos. Ya llevo casi 4 (uffff, qué proeza!). Tú tranquila que la mayoría de la gente engorda 4 ó 5 y ya está, eso es un mes de dieta. Pero lo cierto es que mi proceso ha sido especialmente jodido, pues la abstinencia me desencadenó una depresión muy importante. Esto de dejar de fumar y deprimirse es más frecuente de lo que parece, ya venga la depresión más profunda o más llevadera, aunque la mayoría de las veces ni una misma ni su médico relaciona esa depresión con la abstinencia del tabaco. Y lo peor es que, como mantener la abstinencia es una cuestión de ánimo y de discurso personal interno, la depresión te lleva de vuelta al tabaco por la vía rápida.


Es francamente complicado deprimirse y seguir sin fumar cuando lo estás dejando pero yo tenía clara la relación entre las dos cosas y sabía que si recaía tendría que volver a empezar y volver a deprimirme, y no estaba dispuesta. Era sí o sí.

Esto no tiene por qué ocurrirle a todo el mundo, no os alarméis. Por aquí hemos pasado mucha gente y sólo unos pocos hemos sido tocados por el mal de la nube negra. Pero es bueno saber que puede ocurrir y que si os notáis el ánimo bajo por el camino no dilatéis el momento de acudir al médico de cabecera y contárselo.

Ahora estoy prácticamente recuperada de la depresión y he comenzado a quitarme los kilos con la ayuda de un gordólogo y las mismas técnicas que estxs chicxs me han enseñado para dejar el tabaco. A ver, las que no tenemos voluntad tenemos que buscarnos la vida con mil triquiñuelas. Ya no tengo ningunas ganas de fumar en ninguna circunstancia. Muy ocasionalmente me asalta un pensamiento automático relacionado con el tabaco, pero no me apetece fumar. Lo percibo como algo extraño y ajeno. Me resulta raro pensarme fumando, es como si hubiera sucedido hace miles de años o en otra vida. Tampoco me confío y recuerdo bien en qué cajón he guardado el mono, pero lo cierto es que a veces tengo la sensación de no haber fumado nunca. Es raro. Ahora que releo lo que he escrito, me parece una historia larguísima y plagada de dificultades (y también de beneficios), me parece la historia de alguien que se ha desenganchado de una droga dura, no del tabaco. Y lo cierto es que el destrozo anímico y psíquico ha sido similar, y la rehabilitación también.
He tenido que reaprender a pensar sin nicotina, a leer un párrafo y comprenderlo, a terminar un cuento corto y luego una novela, todo eso antes de estar en condiciones de devorar libracos inmensos en tiempo récord, que es lo que he hecho toda la vida. Y aún no leo como antes. No sé, supongo que mi grado de adicción era muy alto o que me apoyaba en el tabaco para solucionar algunas fallas previas, lo que ocurre muy a menudo, aunque casi nadie es consciente. Es lo que aquí hemos llamado a veces llenar los propios vacíos con humo de tabaco, que en cuanto se disipa el humo te das cuenta de que existen y de que en realidad siempre han estado vacíos.

¿Que si ha merecido la pena? Por supuesto que sí. Había alcanzado un nivel de dependencia insostenible, así no se podía vivir. Habría vendido a quien fuera y lo que fuera por un cigarro en un momento de necesidad y estaba viviendo situaciones que rozaban la indignidad personal. Sólo lamento haber tardado tanto tiempo en darme cuenta de que tenía que dejarlo y de cómo hacerlo.


Fuente: La Taberna Fantasma



martes 24 de febrero de 2009

Dejar de Fumar: Decidir sin excusas. (Parte II)


Dejar de fumar depende de una decisión personal verdadera.
La dificultad para dejar el cigarrillo o el tabaco tiene que ver con la propia interpretación, de quien fuma, sobre el problema y no con el hábito mismo de tomar una pipa o cigarrillo y fumar.



Fumar, por qué no he podido dejar?

Se ha preguntado usted "¿por qué me hago preguntas?" Si es así, probablemente tendrá una de las miles de respuestas que hay. Si no es así, entonces no tiene una explicación, simplemente porque no existía la pregunta.

A la luz de las consideraciones de la entrada anterior, cómo podemos responder la pregunta: ¿Por qué no he dejado de fumar?

- Porque es difícil
- Porque no puedo contener los deseos de fumar
- Porque soy irresponsable conmigo
- Porque el entorno social no me lo permite
- Porque no puedo
- Porque necesito el cigarrillo
- Porque la nicotina es adictiva
- Porque no tengo fuerza de voluntad, etc.

Observe que estas respuestas tienen las siguientes características:

1.- Son todas lógicamente aceptables
2.- Constituyen la explicación del fumador
3.- Hacen referencia a condiciones propias o del entorno no-controlables
4.- Todas se refieren al pasado inmediato o mediato.


Que sean lógicamente aceptables nos muestra que podemos explicar el fenómeno de miles de formas y nos sugiere que de poco sirve hacerlo ya que el hábito de fumar se sigue riendo de nosotros como diciendo "explícame como quieras pero sigo vigente".

Por otra parte, que las respuestas se constituyan en la explicación del fumador significa que son además, la justificación que éste tiene para mantenerse consumiendo cigarrillos. La explicación en este caso es una traba para dejar el hábito.

Continuando con el análisis, el que las respuestas hagan referencia a condiciones propias o del entorno no-controlables nos habla de que el individuo considera que su conducta es función de sus condiciones y no de sus decisiones. El fumador no siente que esté en sus manos el generar condiciones distintas de las que vive. Está "desapropiado", es decir, no se siente responsable de lo que le pase.

Además, el hecho de que todas las respuestas se refieren al pasado inmediato o mediato indica que el individuo justifica su futuro con base en el pasado desvinculando nuevamente su futuro de las propias decisiones. Él se considera un producto de la estadística. La probabilidad especifica del fracaso depende del fumador y no de las estadísticas. Predices el futuro o lo diseñas, pero no ambas. Es una u otra cosa ya que de lo contrario hay "conflicto de intereses". Cuando revisamos una publicación que dice que sólo el 5% de quienes intentaron dejar de fumar lo logran, ¿significa que tenemos un 5% de probabilidades de tener éxito? Definitivamente NO. Nuestro enfoque debe ser éste: "Yo estaré con absoluta seguridad entre los que tuvieron éxito porque lo acabo de decidir".

Sin embargo no debemos concluir, por el hecho de que las cosas tengan múltiples respuestas o explicaciones, que las explicaciones no sirven. Muy por el contrario, son las explicaciones que le damos al acontecer lo que guía nuestro actuar. Lo importante es adoptar aquella explicación que sirve a nuestros objetivos.


Dejar de Fumar: Decidir sin excusas. (Parte II)

Dos posibles respuestas, una solución

Dos posibles respuestas aceptables para la pregunta ¿por qué no he dejado de fumar?:

1.- Porque es difícil.
2.- Porque no he tomado la decisión

Ambas son respuestas tan comunes como aceptables: ¿cuál adoptar? Claramente la segunda nos ayuda más a dejar el hábito que la primera.

El enfoque tradicional sobre el asunto del tabaquismo aporta información meramente descriptiva y explicativa, restando potencia a aquello que finalmente determina la conducta humana, la voluntad. Es cierto que fumar expone el cuerpo a sustancias químicas que producen cáncer, que el monóxido de carbono que se inhala es dañino, que se afectan los sentidos del gusto y el olfato, etc. Pero establecer que la nicotina es la responsable de que la persona continúe fumando ocasiona más daño que el propio hábito de fumar porque "des-responsabiliza" a quien en definitiva toma las decisiones: el propio individuo. La nicotina no es la que produce la adicción en el sentido de que la adicción es una condición estadística, no ligada a la voluntad del individuo más que por un asunto de grado.

Las respuestas que el enfoque ortodoxo del problema da a las interrogantes sobre por qué fumamos, sobre por qué hay que dejar el cigarrillo, etc., no nos ayudan a tomar la decisión. Sólo justifican al fumador. Se analiza el problema describiendo una serie de fases por las que pasa el fumador en su tránsito hacia la independencia del cigarrillo, se dan una infinidad de recetas para dejar el vicio pero todas estas recetas descansan, en última instancia, en la voluntad del individuo y sólo logran hacer más largo, tedioso e improbable el camino hacia el éxito.

A mi juicio lo poderoso del enfoque propuesto aquí es que pone el énfasis en la concepción de que son nuestras decisiones las que modelan nuestras condiciones y no a la inversa, volviendo el centro de la atención sobre el problema al grado de auto-responsabilidad del individuo. Esto no funciona sólo para cambiar hábitos "adictivos" como el fumar, sino que para modificar cualquier conducta humana destinada a mejorar nuestra calidad de vida y hacernos más felices.
Deberíamos cambiar la forma de declarar el problema. En vez de decir "el problema del cigarrillo" deberíamos decir "el problema de la decisión sobre el fumar".

Cambiamos entonces la pregunta "¿Por qué es difícil dejar de fumar?" por la pregunta "¿Por qué las personas normalmente se relacionan con el dejar de fumar a través de la dificultad para tomar la decisión?", adoptando la respuesta siguiente: Porque la propuesta explicativa de su propia experiencia, se fundamenta en la realidad objetiva en virtud de la cual el juicio de dificultad se presenta como la constatación de un hecho objetivo y no como una interpretación del fumador. El cambio de la pregunta permite trasladar la responsabilidad de dejar el hábito al propio individuo haciéndolo a él responsable de permanecer consumiendo cigarrillos, exime de toda culpa a las condiciones externas, le entrega la decisión a la mera voluntad del afectado, le quita el rol de espectador y le entrega el de diseñador de su futuro. Al mismo tiempo transporta la solución "cambiar las condiciones objetivas" hacia "modificar la interpretación sobre el fenómeno".

El resultado final es que al cambiar la pregunta centrada en la dificultad por aquella asociada a la relación entre hábito e individuo, cambiamos la solución desde "ponerse un parche nicotinoso" (por ejemplo) a "tomar una decisión" usando nuestra libertad de decidir y modificar nuestras condiciones.

No debemos sentar en el banquillo de los acusados al acusado equivocado. Somos nosotros los que debemos estar ahí.


Fuente: mailxmail



domingo 22 de febrero de 2009

Dejar de Fumar: Decidir sin excusas. (Parte I)


No hay nada mejor para entorpecer el proceso hacia la eliminación del hábito de fumar que una buena explicación sobre por qué es difícil hacerlo.



Es difícil dejar de fumar?

La "dificultad" de algo no es una característica constitutiva de ese algo.. Emitir un juicio genera una relación con lo juzgado y configura un camino de acción particular. Como dice Echeverría, "cuando emitimos un juicio nos relacionamos con lo que estamos juzgando desde el punto de vista de nuestras inquietudes y lo formulamos en términos de las posibilidades que abre o cierra para nosotros". Los juicios determinan nuestras condiciones, la forma en que vivimos y configuran nuestras posibilidades futuras.

Tenía yo 25 años y ya fumaba desde hacía 9. Recuerdo que le pregunté a un médico de la familia cómo podía dejar de fumar, en circunstancias de que era muy difícil (así lo veía yo en ese entonces). El médico me dijo "deja de fumar". Yo repetí la pregunta intentando escuchar alguna argumentación técnica sobre las razones de la dificultad y los mecanismos para dejar el vicio. Nuevamente el doctor me responde "simplemente déjalo". La respuesta me pareció ciertamente pobre, sobre todo viniendo de un especialista. No obstante involucraba una profunda sabiduría. Efectivamente lo que había que hacer era dejarlo sin cuestionamientos o deliberaciones. En ese momento en realidad yo buscaba robustecer mi convicción de que eso era difícil, para alimentar mi coartada contra la abstinencia. Quizás lo que le faltó a este especialista para provocar en mí un cambio de conducta fue convencerme de que mi dificultad para dejar el cigarrillo tenía que ver con mi propia interpretación sobre el problema y no con el hábito de fumar. En ese momento yo no consideraba que las decisiones están asociadas a elementos internos que, si bien se gatillan desde afuera, se producen dentro del individuo. Todo lo que éste decide es una puerta que se abre desde adentro. Decir que algo es difícil, es emitir un juicio sobre nuestra relación con aquello que juzgamos. No es estar describiendo una de sus características.

Cuando decimos "es difícil dejar de fumar" estamos haciendo varias cosas inútiles:

1.- Estamos tratando la dificultad de dejar de fumar como una característica inherente al hábito y desvinculada de nuestra voluntad.

2.- Estamos utilizando el juicio de dificultad como una explicación-justificación de la situación.

3.- Estamos validando esa explicación como la explicación correcta (al apelar tácitamente al juicio de dificultad como característica constitutiva del hábito de fumar).

El resultado es que cerramos la posibilidad de eliminar el hábito por nuestra propia voluntad ya que asumimos que es algo que no depende de nosotros sino que es el resultado de condiciones externas no controlables.

Cuando nos preguntamos acerca de por qué es difícil dejar de fumar (u otro hábito cualquiera que deseemos modificar), lo primero que debemos hacer es cuestionar la propia pregunta. ¿Tiene sentido la pregunta? El sólo hacerla refleja una mirada inadecuada sobre el problema. No hay que hacer la pregunta: hay que cambiar la mirada sobre el asunto. Existen múltiples justificaciones que "se saltan" la voluntad y nos entregan una buena coartada para no dejar de fumar. Por ejemplo se dice que "es difícil dejar de fumar porque la nicotina produce adicción". Y es verdadero que la nicotina es adictiva. Pero resulta absolutamente inapropiado asumir esta característica como la explicación "válida" de la dificultad para dejar el cigarrillo (y en general esto opera respecto de la modificación de cualquier otra conducta del ser humano), ya que el hecho de que nuestras decisiones siempre constituyen un acto volitivo es algo que no resiste análisis. De hecho está demostrado que la mayoría deja el cigarrillo por su cuenta, de un día para otro. Se esgrimen argumentos como síndrome de privación, dependencia física, sicológica, social, etc., pero el problema se deriva de establecer estas características como la explicación válida del problema.


Dejar de Fumar: Decidir sin excusas. (Parte I)

Decidir sin excusas

Nuestras decisiones siempre implican optar. Dejamos de hacer algo en beneficio de lograr otra cosa. Todo tiene lo que en economía se llama costo alternativo. Dejar de fumar implica por lo tanto, privarse de ciertas cosas para favorecer la obtención de otras. Desde este punto de vista dejar de fumar no se diferencia cualitativamente de miles de otras decisiones sobre cambios de conducta que tomamos las personas. "Desde ahora llegaré temprano al trabajo" por ejemplo, es una decisión cualitativamente similar.

Algún fumador impermeable a los argumentos vertidos aquí podrá esgrimir que la nicotina es adictiva y que, en consecuencia, la dificultad de mantenerse sin fumar es mayor que la del esfuerzo involucrado en llegar temprano al trabajo, ya que la adicción implica la búsqueda compulsiva de la nicotina. Pero, ¿cuánto mayor es la dificultad de dejar el cigarrillo respecto de la dificultad de mantener la promesa de llegar temprano al trabajo? ¿Se puede medir? ¿Existe un grado de dificultad a partir del cual la voluntad es ineficaz para provocar un cambio de conducta? El punto está simplemente en la disposición emocional del fumador a dejar de serlo. Y eso se relaciona directamente con la forma en que él explica su situación.

Es evidente que este tipo de decisiones que involucran cambios de hábito requieren de la voluntad del sujeto para mantenerse en el cambio, pero se trata justamente de eso: de "hacerlo". ¿Cómo explicaríamos, si la voluntad fuese ineficaz, el hecho de que alguien que se declara en huelga de hambre sea capaz de decidir permanecer sin alimentación durante varios días en circunstancia que el "comer" es una necesidad biológica cuya insatisfacción compromete la propia vida del individuo?

Es frecuente que la sicología trate el tabaquismo como una enfermedad, lo cual refuerza en los fumadores su convicción de que la dificultad de dejar el cigarrillo es una característica propia del hábito y no una forma de relacionarse con él. Pero para que se constituya lo patológico es necesario el consentimiento del sujeto ya que lo patológico no es más que un acuerdo social. Volvemos entonces a un asunto de mera voluntad ligado sólidamente a la manera en que el sujeto explica su circunstancia y no a la circunstancia explicada. El fenómeno explicado y la explicación habitan en mundos diferentes y disjuntos. S. Covey dice que nuestra conducta depende de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones. Una sentencia complementaria la aportó H. Ford: "Ya sea que pensemos que algo se puede o que no se puede, en ambos casos estamos en lo cierto".

Detrás de cada método para dejar de fumar, está la voluntad del individuo. Los métodos para dejar de fumar que se venden en el mercado están basados en la mirada "objetivista" del problema. Aprovechan la mirada tradicional que los individuos tienen sobre el problema. Como producto de ello, las personas pagan por un tratamiento cantidades bastante elevadas de dinero, pero finalmente el éxito descansa en la voluntad y disposición emocional del individuo, algo por lo que no es necesario pagar ya que todo eso lo llevamos dentro.

No queremos decir que dichos métodos resulten completamente inútiles porque es verdad que en general ayudan a desincentivar los deseos de fumar, pero la acupuntura, el láser, la auto-hipnosis, los parches nicotinosos, chicles especiales, y cientos de otros métodos sólo sirven si el individuo está dispuesto a dejar de fumar. Estos métodos se vuelven más necesarios en la medida que la persona explica su circunstancia de fumador apelando a condiciones externas. Pero pierden sentido si nuestra mirada se orienta más a la forma planteada aquí, es decir, centrando el problema en la manera como explicamos nuestro quehacer y en la forma en que nos observamos como observadores.

El diagnóstico que hacemos sobre nuestra situación de fumadores no corresponde a "lo que ocurre realmente" sino que a la expresión de nuestra propia forma de observar. Es por ello que para dejar de fumar hay que cambiar las explicaciones que nos damos sobre lo que nos acontece. De lo contrario lo único que tendremos es una buena explicación sobre por qué no podemos dejar de fumar. Y eso no sirve para dejar de fumar. Las explicaciones son en cierto sentido "antojadizas", las acciones no. Hay que dejar de explicar y actuar.

¿Usted quiere una buena explicación del porqué no puede dejar de fumar o realmente quiere dejar de fumar? La respuesta esperable es que quisiéramos dejar de fumar. La explicación sólo será importante si nos ayuda a dejar el hábito, pero las explicaciones tradicionales no consideran lo que hay detrás de una explicación y lo poderosa que puede ser una interpretación menos "objetivista" de eso a lo que llamamos "explicación". Buscar explicación al vicio dificulta el proceso.


Fuente: mailxmail



viernes 20 de febrero de 2009

Dejar de Fumar cumple su primer año...


Febrero, el mes del amor, es una fecha importante para nosotros: “estamos de aniversario”.. Este espacio cumple su primer año de vida, que aunque para muchos no sea un tiempo muy significativo, para nosotros ha sido un gran reto y nos llena de gran satisfacción poder mirar atrás y comprobar que hemos entregado todo lo que teníamos, sin guardarnos nada y sentimos una inmensa alegría cuando comprobamos que nuestra labor ha ayudado a muchos a descubrir una nueva forma de vivir.. una nueva mirada al futuro..

Dejar de Fumar es y será un blog creado por adictos cuyo tema principal es, como su nombre lo indica, el dejar de fumar. No nos limitamos a entregarles consejos sobre cómo abandonar el tabaco, vamos un poco mas allá y profundizamos el tema con toda la información sobre el tabaquismo como enfermedad, la adicción a la nicotina que sufren los fumadores, los avances de las investigaciones, las “curiosidades” del mundo del tabaco, y lo mas importante, testimonios reales de compañeros con los que hemos recorrido parte de nuestro camino de dejar de fumar, sin dejar atrás, lecturas y cuentos de motivación, reflexiones y poesías y las celebraciones con las que tanto disfrutamos..



Dejar de Fumar cumple su primer año

Dejar de Fumar es un espacio abierto y dirigido a todos:

Al fumador que está viviendo su mayor idilio con el cigarrillo en estos momentos, para que obtenga toda la información necesaria sobre el daño que causa el fumar y tener así la libertad de escoger su camino sin engaños.

Al fumador que desea dejar de fumar, para que comprenda que fumar es una adicción y que aunque liberarse de ella no es algo sencillo, existe la voluntad que todos, absolutamente todos, tenemos y que es el punto de partida.

Al fumador que ya dejó, para que encuentre motivos que refuercen su decisión.

Al no fumador, para que su NO sea siempre enfático y no vacile nunca ante un cigarrillo.

Hoy con música acorde a la ocasión, algunos globos, nuestra primera velita y la compañía de ustedes, seguimos diciendo más convencidos que nunca:

Dejar de Fumar es algo más que no encender un cigarrillo.. Dejar de Fumar es un opción de vida.. Dejar de Fumar es la mejor decisión..

Gracias por su presencia..

Un fuerte abrazo de...

Nieta y Alejandro.





jueves 19 de febrero de 2009

Para los adolescentes, fumar ya comienza a ser mal visto


En el año 2000, el 25% de los que tenían entre 13 y 15 años consumía tabaco en Capital. La última encuesta arrojó un dato alentador: descendió al 18,5%. La tendencia también se da en el GBA. Lo atribuyen a cambios en la percepción del cigarrillo.



Los adolescentes ya redujeron el consumo de cigarrillos, según encuestas realizadas por el Ministerio de Salud de la Nación. En la ciudad de Buenos Aires, el 25 % de los adolescentes de entre 13 y 15 años fumaba en el año 2000. En cambio, sólo el 18,5% de los jóvenes dijo que era fumador siete años después.

En la provincia de Buenos Aires también se registró un cambio similar: fumaba el 28% de los adolescentes en 2003, pero la prevalencia alcanza al 25% en 2007. "La reducción del consumo tiene que ver con cambios en la percepción del tabaco y en el comportamiento de los jóvenes", dijo a Clarín Mario Virgolini, director del programa de control del tabaco del Ministerio de Salud. Hoy, para los adolescentes, fumar empieza a ser mal visto.

A su vez, el funcionario atribuye esos cambios a las campañas de comunicación, a las notas periodísticas, y a la legislación de ambientes libres de humo en el caso de la Ciudad de Buenos Aires. "Es evidente que la cuestión del tabaco ganó un espacio significativo en la agenda de la opinión pública", explica.

Virgolini descartó que la reducción del consumo tenga alguna relación con cuestiones económicos. "Hubo un aumento del precio real de los cigarrillos (15,5%), pero fue mayor el aumento de los ingresos reales de la población (casi 47%). Por lo cual, debería haber crecido el consumo del tabaco y eso no ocurrió. Además, en 2006 las empresas tabacaleras multinacionales salieron a competir en el sector de precios más bajos, a través de nuevas marcas baratas y de la reducción del precio de marcas existentes (el precio de la marca más consumida por los adolescentes disminuyó un 25% ese año)".

La mayoría de los adolescentes que fuman empiezan entre los 12 y los 13 años. Un alto porcentaje consume cigarrillos sueltos (más del 30%). Y siguen siendo más las mujeres fumadoras que los varones que fuman. En los mayores de 18, la situación es al revés: son más los varones que fuman.

"La publicidad del tabaco apuntó más a las mujeres, aunque fue variando con las décadas. Siempre se muestra el consumo de cigarrillos como una forma de controlar el peso. Sin embargo, se sabe que hay otras formas para bajar peso que son saludables y más efectivas. En el último año, se incluyó también al tabaco como un accesorio más en los desfiles de moda", afirmó la psicóloga Gabriela Regueira, de la Red Internacional de Mujeres contra el Tabaco (inwatlac.blogspot.com).

El 58,3% de los adolescentes prefiere a los cigarrillos light. "Los lights como los mentolados son una trampa para los que se inician en fiestas de cumpleaños, bares o boliches. Sirven de puente para desencadenar la adicción desde la adolescencia".

Otro aspecto preocupa. En 2005, se sancionó la norma antitabaco en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, el 67% de los adolescentes porteños aún está expuesto al humo del tabaco en lugares como bares y restoranes. Ellos no están de acuerdo: el 87% de los adolescentes está a favor de la creación de los ambientes 100% libres de humo y el 40% de los que fuman quisieran dejan de consumir.

"La situación es preocupante. Demuestra que las áreas para fumadores que habilita la ley porteña no protegen a la población, incluyendo a los adolescentes", sostuvo Verónica Schoj, de la coalición Aliar.

Aunque está prohibido, el 87% de los adolescentes porteños también admite que quedó expuesto a alguna publicidad del tabaco en carteles. Sólo al 41% se le enseñó en la escuela los daños producidos por el fumar.


Para los adolescentes, fumar ya comienza a ser mal visto

¿Una generación libre de humo?

Aun cuando pueda pensarse que se trata de otra moda, y que como tal acaso retorne con nuevas y originales formas de hacer daño, lo cierto es que los pibes no fuman como antes. Lo que quiere decir al menos dos cosas: que las campañas funcionan y que estamos todos invitados a someter a revisión ciertas iconografías: por caso, el faso por placer, con o sin café, solo o acompañado. Mientras tanto, queda la ilusión de que otras campañas (contra los locos que manejan, a favor del medio ambiente) encuentren igual eco y ayuden a derribar otros mitos.


Por qué fuman los varones, por qué fuman las chicas?

Los adolescentes varones afirman que fuman porque sienten presión por parte de sus amigos y para quedar bien, no sentirse distintos o no ser excluidos. Otros dicen que fuman porque les gusta, está de moda o por diversión, según un estudio cualitativo que fue realizado por alumnos del Instituto Universitario Escuela de Medicina del Hospital Italiano junto con médicos de la unidad de medicina familiar y preventiva de esa institución. Analizaron las respuestas de 1.191 chicas y chicos de 13 a 18, que van a escuelas públicas y privadas de Capital.

Las adolescentes fuman más que los varones y mencionan con más frecuencia que consumen para no engordar o para calmar ansiedades, angustia, soledad, aburrimiento. También argumentan que consumen cigarrillos para conquistar chicos. Existe la percepción de que fumar ayuda a bajar de peso en al menos un tercio de las mujeres. "Esto evidencia la influencia de las publicidades de cigarrillos en la Argentina, que han sido diseñadas para captar a las mujeres", afirmó Beatriz Champagne, especialista de la Fundación Interamericana del Corazón.


Fuente: Clarín.com



martes 17 de febrero de 2009

¿Fumas? Cuidado: el cigarro puede causar depresión


Estudios han descubierto que en los fumadores se reduce el nivel cerebral de serotonina, lo cual podría afectar su estado de ánimo.



Desde hace años, los científicos estudian los males derivados de la nicotina y han realizado investigaciones para comprender la relación del cigarro con la depresión, un mal que aumenta cada día. Estos estudios han descubierto que los fumadores pueden sufrir la disminución de los niveles cerebrales de serotonina, la sustancia química reguladora de las emociones, que también se reduce en las personas con depresión. Al mismo tiempo, han encontrado que en la tendencia natural a sufrir depresión, existe una mayor predisposición a fumar.

Los efectos euforizantes de la nicotina del cigarro incitan a las personas depresivas a consumirlo.


La nicotina, una alegría efímera.

El cigarro tiene consecuencias que afectan a tu salud, no sólo física, sino también mental como la depresión.
La relación entre el tabaquismo y algunos trastornos emocionales son cada día más evidentes en las sociedades occidentales.
Según estudios realizados, la probabilidad de sufrir depresión aumenta según el número de cigarros que se consumen al día. Además, la automedicación de la depresión también podría contribuir a la propensión al tabaquismo.


Fumar afecta tu ánimo.

Estudios realizados recientemente dieron un seguimiento durante seis años a 8,500 universitarios y se tomaron en cuenta su salud física, el ejercicio y las circunstancias que les provocaban estrés. Se evaluó la presencia de depresión con un diagnóstico médico y se relacionó con el consumo de cigarro. El trabajo llevó a la conclusión de que fumar podría contribuir directamente en desarrollar trastornos del estado de ánimo.

Si te afecta demasiado el estrés o tienes tendencia a la depresión, te es mucho más fácil engancharte al cigarro, con consecuencias dañinas para tu salud. Acude a un médico especialista para someterte a un tratamiento que te aleje para siempre del pésimo hábito de fumar.


¿Fumas? Cuidado: el cigarro puede causar depresión

Fumar ya no es un placer.

Se ha vuelto uno de los vicios más prohibidos y peor vistos en la sociedad.
Ya no puedes fumarte un cigarro para sentir el placer de la nicotina atravesando tus pulmones, pues cada día se descubren más daños generados por el cigarro.

Se acabaron las películas en las que fumar era de mujeres fatales. Ahora las heroínas más admiradas no fuman y además tienen una complexión atlética. Ser fumador es ser un enfermo en potencia y además un agresor de la salud de los demás.


Fumar se ha convertido en la actualidad en un acto casi ilegal.

Muchos fumadores han aumentado el número de cigarros al día, pero muchos otros han decidido abandonar el cigarro para siempre.


Fuente: www.elmanana.com.mx



domingo 15 de febrero de 2009

Dejaré de fumar



El tratamiento que aplica la Clínica contra el Tabaquismo de la UNAM busca que los pacientes aprendan a manejar sus emociones. El primer paso es redactar una carta con la que se “despiden” de su adicción, para luego empezar a modificar su estilo de vida. Como una relación tormentosa de amor y odio, en la que la persona se sabe lastimada pero se aferra a continuar en ella, define Guadalupe Ponciano, directora de la Clínica contra el Tabaquismo de la UNAM, la adicción al cigarro. Más allá de la dependencia física, los fumadores desarrollan un “lazo afectivo” con el tabaco que les impide dejarlo pues se convierte en una parte que se cree indispensable para desarrollar las actividades diarias..

La especialista explicó que los fumadores desarrollan un proceso cognitivo en el que se asocia el consumo de tabaco con las distintas emociones que se viven. Por ejemplo, cuando una persona se siente triste y se fuma un cigarro que le da bienestar, se implanta la idea de que para sobrellevar los momentos de tristeza es necesario el consumo de tabaco. Pasa lo mismo en situaciones de nerviosismo, alegría, soledad o convivencia en las que se encuentran las personas con un cigarro en la mano. “Este lazo emocional empieza desde el primer cigarro”. La razón por la que se dificulta dejar este hábito es que el fumador desarrolla dependencia física y el cuerpo “pide” la dosis de nicotina necesaria para permanecer tranquilo.

Ponciano detalló que el paso más difícil “es tomar la decisión de romper el lazo afectivo con el cigarro que trae consigo un proceso de duelo semejante a la pérdida de un ser querido o el final de una relación amorosa”. Los motivos por los que la gente deja de fumar son diversos: unos lo hacen por antecedentes de infarto o diagnóstico de enfisema; otros por la familia o la pareja, y unos más por convicción personal. El programa que se emplea desde hace más de una década en Ciudad Universitaria es cognitivo-conductual, a través del cual se enseña a la gente a manejar sus emociones sin necesidad del cigarro, además de sustituir la nicotina por chicles o parches, de acuerdo con la necesidad de cada paciente. En este proceso es cuando el fumador vive el duelo de dejar la adicción y aprende a modificar su estilo de vida, así como a llenar el vacío que el cigarro deja en él, con otras actividades. Pero antes tiene que despedirse del cigarro “con una carta que cuando la leen se entienden a sí mismos y su adicción”.

Ponciano recordó que los beneficios de dejar de fumar son inmediatos: ocho minutos después del último cigarro, los niveles de monóxido de carbono en la sangre bajan y se eleva la concentración de oxígeno; a los 20 minutos la temperatura de manos y pies se normaliza, así como la tensión arterial y la frecuencia cardiaca. En un día se disminuye el riesgo de un ataque cardiaco, en 48 horas se comienzan a percibir mejor los olores y sabores de las cosas, y en tres días disminuye el cansancio al realizar alguna actividad física y comienza la limpieza del aparato respiratorio con la desinflamación de los bronquios.



















Fuente: El Universal.



viernes 13 de febrero de 2009

El Amor.







Adoptaré el Amor por compañero,
y lo escucharé cantando,
y lo beberé como vino,
y lo usaré como vestimenta.

En la Aurora,
el Amor me despertará,
y me conducirá a los prados distantes.

Al Mediodía,
me conducirá a la sombra de los árboles,
donde me protegeré del sol como los pájaros.

Al Atardecer
me llevará al puente donde escucharé
la melodía de la Naturaleza despidiéndose de la luz,
y contemplaré las sombras de la quietud alejándose en el espacio.

En la Noche,
el Amor me abrazará,
y soñaré con los mundos superiores donde viven las almas de los enamorados
y de los poetas.

En la Primavera,
andaré con el Amor, lado a lado,
y cantaremos juntos entre las colinas,
y seguiremos las pegadas de la Vida, que son las violetas y las margaritas,
y beberemos el agua de la lluvia acumulada en los pozos, en copas hechas de narcisos y de lirios.

En el Verano,
me acostaré al lado del Amor,
sobre camas hechas con manojos de espigas,
teniendo el firmamento por cobertor y las estrellas por compañeras.

En el Otoño,
iré con el Amor a los viñedos,
y nos sentaremos en el tonel,
y contemplaremos los árboles despidiéndose de sus vestimentas doradas,
y los bandos de aves migratorias volando hacia la costa del mar.

En el Invierno,
me sentaré con el Amor delante del hogar,
y conversaremos sobre los acontecimientos de los siglos,
y los anales de las naciones y pueblos.

El Amor será
mi tutor en la Juventud,
mi apoyo en la madurez,
y mi consuelo en la vejez.

El Amor
permanecerá conmigo hasta el fin de vida,
hasta que la muerte llegue,
y la mano de Dios nos reúna de nuevo.

Khalil Gibran



El mejor regalo de San Valentín: Ayudar a tu pareja a dejar de fumar


Para un día de San Valentín sin malos humos
* La tercera parte de los exfumadores considera que abandonar el tabaco fue una de las acciones más difíciles de su vida.
* 20 cigarrillos incrementan un 60% el riesgo de padecer disfunción eréctil en el hombre y disminuye la excitabilidad en la mujer.



Llega el día de San Valentín y las parejas aparcan por un momento el estrés rutinario del trabajo, la hipoteca o los niños, para dedicarse a un día de romanticismo y demostrar a la pareja cuánto se la quiere. Pero en muchos casos, cuando la pareja es fumadora, ese momento idílico se difumina entre el humo del tabaco. Ayudarle a dejar de fumar puede ser el mejor regalo de San Valentín.

Abandonar el tabaco supone un gran esfuerzo en la mayoría de las ocasiones. Superar la dependencia a la nicotina conlleva implicaciones físicas, psicológicas y sociales. Una tercera parte de los exfumadores la considera una de las acciones más difíciles de su vida . Por eso la pareja juega un papel muy importante en esta decisión, convirtiéndose en el apoyo y la motivación más importante para dejar de fumar, que junto con la ayuda de un médico y un tratamiento médico adecuado pueden incrementar el éxito de dejar de fumar en un 44%.



Más amor y menos humo en el Día de San Valentín

Fumar es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, provoca cáncer, envejecimiento de la piel y muchas otras patologías derivadas. Además, esta adicción aumenta las probabilidades de disfunciones sexuales en el hombre y en la mujer, hasta el punto de que veinte cigarrillos diarios son suficientes, por ejemplo, para incrementar hasta un 60% el riesgo de padecer disfunción eréctil. En las mujeres el tabaquismo reduce la excitabilidad, dificulta la lubricación vaginal y retarda el orgasmo.

“La diferencia entre ambos sexos es que la mujer valora más sus sensaciones subjetivas y no concede tanta importancia a su respuesta fisiológica. Además, como es menos evidente por su situación anatómica, la respuesta sexual puede verse afectada sin que la mujer sea demasiado consciente de ello”, indica el doctor Facund Fora, del Centro Médico Teknon de Barcelona. “Según un estudio de la British Medical Association, las posibilidades de embarazo se reducen hasta en un 40% en las mujeres fumadoras y, por si fuera poco, el riesgo de trombosis venosa si se consume tabaco y se toman anticonceptivos simultáneamente es mayor”, añade.

Pero el tabaquismo afecta también a numerosos aspectos de la salud de forma global a ambos miembros de la pareja como, por ejemplo, limitando la capacidad respiratoria y empeorando la tolerancia al esfuerzo. Abandonar el tabaco sólo aporta ventajas. “Dejar de fumar implica superar el síndrome de abstinencia y la sensación de duelo que aparece al no utilizar el cigarrillo frente a determinadas emociones negativas o positivas o relaciones sociales”, establece el doctor Eugeni Bruguera, Jefe de la Unidad de Conductas Adictivas del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Vall d´Hebron. “Desde el punto de vista sexual, que la pareja deje de fumar es un beneficio para los dos”.

Además, resulta evidente el rechazo que induce el mantener relaciones sexuales con un fumador, simplemente por el mal aliento que provoca el tabaco. “Más allá de la halitosis y la sequedad de la piel, la ansiedad de algunas personas fumadoras por encender un cigarrillo tras las relaciones sexuales, una imagen recurrente en el cine, puede delatar una personalidad ansiosa, además de convertir en fumadora pasiva a la pareja que está a su lado”, concluye el doctor Fora.


El mejor regalo de San Valentín: Ayudar a tu pareja a dejar de fumar



El perfecto regalo de San Valentín: salud

Los beneficios de dejar de fumar no son solo físicos, sino que el bolsillo también lo nota. Con los 2,65 € de media que cuesta una cajetilla de tabaco, la persona que fuma una cajetilla diaria tiene ahorrados en tan solo un mes hasta 80 € para el perfecto regalo de San Valentín.

Sin embargo, el mejor regalo para la pareja es el apoyo. El 95% de los fumadores que intenta dejarlo sin ayuda fracasa, mientras que cuando existe la ayuda psicológica-conductual de un profesional sanitario y una medicación efectiva, la tasa de éxitos llega hasta el 44%. “La pareja juega un papel muy importante en la vida de una persona y puede llegar a motivarle y convencerle de que tiene que dejarlo y acudir al médico”, añade el doctor Bruguera. Pero también puede ser al revés. “El mejor regalo para tu pareja puede ser dejar de fumar ya que siendo fumador pasivo, también se está en riesgo”, concluye.

Según el doctor Bruguera “los tratamientos farmacológicos existentes para el tabaquismo no parecen tener un efecto relevante sobre la vida sexual. Ninguna de las 3 alternativas de primera línea, entre ellos vareniclina diseñado específicamente para dejar de fumar, provoca la aparición de efectos adversos en la vida sexual de los fumadores”.

En 48 horas sin fumar la nicotina desaparece del cuerpo y aumentan los sentidos del gusto y el olfato. En semanas mejora la elasticidad de la piel, que recobra su brillo natural y, en un año, el riesgo cardiovascular se disminuye en un 50%.


"Ayudar a tu pareja en su cesación tabáquica es fácil; define con ella las principales razones para dejarlo, descubre por qué fuma y cuáles son las ocasiones en las que más te necesita y procúrale planes alternativos que la mantengan alejado de la tentación. Y a disfrutar del amor sin humos".


Fuente: www.acceso.com




jueves 12 de febrero de 2009

El rostro del fumador


Que el tabaco mata, es bien sabido por todos. Pero las consecuencias del tabaquismo no sólo se traducen en una elevada mortalidad por cáncer de pulmón o enfermedad cardiovascular. El consumo de cigarrillos también tiene consecuencias estéticas y dermatológicas devastadoras. De ahí que la frase ‘El tabaco le hace a usted viejo y feo’, pueda convertirse en el mejor reclamo para que los jóvenes, cuya preocupación por el aspecto físico va en aumento, digan no al tabaco.



La piel es un fiel reflejo de nuestro estado de salud. Por ello no resulta muy difícil distinguir a los fumadores de los no fumadores por la calidad de su cutis. Más de 60 sustancias nocivas procedentes de los cigarrillos contribuyen a crear lo que se denomina ‘cara del fumador’, una serie de características que muestran el deterioro que el tabaco provoca en la piel: “arrugas profundas, aspecto demacrado, huesos prominentes, piel grisácea, dientes amarillos”, explica la dermatóloga Ana López Barri, presidenta de la Asociación Española de Mesoterapia.

Pero esto no es todo, el consumo de tabaco también favorece la aparición del paladar o lengua del fumador, provocados por los alquitranes y el calor de la combustión, así como el desarrollo de cáncer de boca o labio. “El 80 por ciento de las personas que sufren cáncer de labio son fumadoras”, apunta López Barri.

La aparición de estos signos está directamente relacionada con el número de cigarrillos consumidos. Así, cuanto más se fuma más empeora el estado de la piel.

Entre las sustancias más dañinas se encuentra la nicotina, que además de favorecer la adicción al tabaco tiene un efecto vasoconstrictor al elevar los niveles de vasopresina, una hormona que estimula la contracción de las fibras musculares. Como consecuencia, los vasos se contraen, aumenta la presión sanguínea y empeora la cicatrización de las heridas. “Debido a este efecto vasoconstrictor los especialistas recomiendan dejar de fumar un mes antes y un mes después de una intervención quirúrgica”, señala López Barri.

El tabaco también provoca la hidroxilación de un esteroide estrógeno llamado estradiol. “Esto se traduce en una disminución de estrógenos, lo que favorece la sequedad y atrofia cutánea en las mujeres. A su vez, la reducción de estrógenos provoca un ligero aumento de andrógenos y puede aparecer más vello”.

Asimismo, el tabaco disminuye la aportación de oxígeno a los tejidos y la absorción de vitamina A, altera el colágeno y la elastina, favorece la atrofia dérmica y la agregación plaquetaria.


El rostro del fumador

Daño reversible

Afortunadamente, y a diferencia de lo que ocurre con el daño provocado por los rayos ultravioleta, la mayor parte de los efectos del tabaco en la piel son reversibles. Para ello es imprescindible dejar de fumar definitivamente y emprender un tratamiento sintomático. “Para recuperar la piel se emplean cremas con estrógenos y con ácidos retinoico y glicólico, que aceleran la descamación de la piel, y se realizan peelings, con los que se consigue eliminar las células muertas y acelerar la regeneración de la piel. También es conveniente el consumo de suplementos que ayudan a combatir los radicales libres, como las vitaminas A y E, zinc y selenio”.

Estos tratamientos van acompañados de otras recomendaciones, como evitar las exposiciones solares o el consumo de alcohol. Aunque la mejoría empieza a notarse casi de inmediato, “la piel no se recupera del todo hasta pasados tres o cuatro años después de dejar de fumar”, concluye López Barri.

Fuente: www.dmedicina.com



martes 10 de febrero de 2009

'Me sorprende que los directivos de las tabaqueras puedan mirarse al espejo'



ENTREVISTA A RICHARD HURT


Me sorprende que los directivos de las tabaqueras puedan mirarse al espejo


* Hurt dirige el Centro de Dependencia a la Nicotina de la Clínica Mayo (EEUU)
* Su aportación fue crucial para que las tabaqueras hicieran públicos sus documentos



Su labor fue fundamental para propiciar que, en 1998, distintas compañías tabaqueras aceptaran hacer públicos 50 millones de páginas de sus documentos internos. Conoce a la perfección las palabras, los giros, las intenciones... de los fabricantes de tabaco ya que gran parte de los textos liberados gracias al 'Master Settlement Agreement' han pasado por sus retinas.

Richard Hurt lleva tres décadas analizando los distintos elementos que confluyen en la adicción al pitillo y se muestra especialmente interesado en las estrategias que siguen los fabricantes para impedir que se prohíba el consumo de cigarrillos en los lugares públicos. "A pesar de que el cirujano general, la máxima autoridad sanitaria de EEUU, ha afirmado que el humo del tabaco mata, las tabaqueras siguen luchando contra ello", señala.

Actualmente, Hurt dirige el Centro de Dependencia a la Nicotina de la Clínica Mayo (EEUU) que, desde sus inicios en 1988, ha tratado a cerca de 33.000 pacientes. Es un punto de referencia, ya no sólo como conocedor de los pasos dados por las tabaqueras sino también como especialista en los distintos tratamientos antitabaco. A su paso por España, elmundo.es ha podido charlar sobre los distintos pilares en los que se sustenta el tabaquismo en todo el mundo.


Después de tantos años, ¿le sigue sorprendiendo lo que lee en los documentos internos de las tabaqueras?

Richard Hurt: Ya no me impresiona casi nada... Lo que todavía me sigue sorprendiendo es cómo los directivos de las tabaqueras pueden mirarse al espejo cada mañana, cuando van a afeitarse, y no cortarse el cuello. Su producto, si se usa como ellos recomiendan, mata a la mitad de sus clientes. Y como necesitan nuevos clientes intentan llegar a los menores de 18 años.


Y a los países en vías de desarrollo...

R.H.: Bueno, eso es aún peor porque los países en desarrollo son los que menos pueden costear la epidemia que se les viene encima. Necesitan invertir el dinero en agua potable y necesidades básicas, las cosas que nosotros damos por sentadas.


¿Podremos parar este impacto?

R.H.: Mi esperanza es que el resto del mundo aprenda de nuestra experiencia, en las naciones desarrolladas, para poder ralentizar el proceso y detenerlo más rápido. Ahora sabemos más que nunca. Creo que los planetas se están alineando y el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaquismo es crítico. Además, gracias a la liberalización de los documentos internos de la industria sabemos lo que han hecho, con sus propias palabras. Esperamos progresar más en los próximos diez años que lo que hemos logrado en los últimos 50.


¿Sería un paso importante que la FDA [agencia estadounidense del medicamento] regulase el tabaco?

R.H.: El tabaco no ha sido regulado en EEUU porque el Congreso nunca ha dado su aprobación. Es algo irracional. Todos los productos del tabaco aportan nicotina, que es una droga, y otras 4.000 sustancias tóxicas, y matan a la mitad de los que los usan. La FDA debería tener la autoridad de regular el tabaco pero no con las condiciones que pretenden Philip Morris y otras tabaqueras.


¿Se refiere a los cigarrillos supuestamente 'más seguros'?

R.H.: Philip Morris ha invertido 350 millones de dólares en una fábrica para producir un cigarrillo 'más seguro' que cuente con la aprobación de la FDA, pero nunca se conseguirá un pitillo completamente seguro. El problema es que tenemos el mejor Congreso que puede influirse y comprarse con dinero. A pesar de las peticiones del cirujano general, la máxima autoridad sanitaria, no se ha aprobado ninguna legislación útil en los últimos 20 años.


¿Cree que con la nueva ley del tabaco las tabaqueras han ganado la guerra en España?

R.H.: Han ganado la primera batalla pero es un proceso que lleva tiempo en realizarse. La guerra en España acaba de comenzar. Con el tiempo el pueblo español exigirá que se les proteja del humo secundario del tabaco. Las dos cosas que más odian las tabaqueras son los lugares de trabajo libres de humo y los impuestos que incrementan el precio del tabaco. Ambas son las dos políticas de salud pública más importantes para luchar contra las tabaqueras y el tabaquismo.


Sobre las ayudas con las que cuentan los fumadores para abandonar el hábito, ¿qué es lo más nuevo?

R.H.: La vareniclina. Es el primero de una nueva clase de fármacos, diseñado específicamente para dejar de fumar y actúa en el receptor cerebral de la nicotina. Cuando una persona fuma, la nicotina del cigarrillo ya no se puede ligar al citado receptor porque éste ya se ha unido al fármaco y, por tanto, no hay sensación de recompensa. Es lo que se conoce como efecto antagonista o un efecto bloqueante.


¿Bupropion o vareniclina? ¿Qué es más eficaz?

R.H.: En los ensayos clínicos, vareniclina parece ser más eficaz que bupropion y placebo. No obstante, los dos fármacos han demostrado su utilidad y son buenas alternativas. El antidepresivo bupropion también actúa en ese receptor de la nicotina, pero de manera indirecta.


Con estos fármacos, ¿el fumador no necesita ni chicles ni parches de nicotina?

R.H.: Hasta el momento, ningún estudio ha demostrado que combinar la Terapia Sustitutiva de la Nicotina (TSN) con la vareniclina aumente la eficacia. La mayoría de los que toman el fármaco no necesita TSN. Nosotros, en nuestra práctica diaria en la Clínica Mayo, hemos visto que los sustitutivos de la nicotina pueden ayudar a corto plazo a las personas con deseo de fumar. En ese caso, es mejor incluirlos que incrementar la dosis de vareniclina.


¿El futuro del control del tabaquismo está en las vacunas?

R.H.: La vacuna sigue siendo algo muy experimental. Se están probando tres tipos diferentes pero tardaremos algunos años en saber si funcionan. En principio, la vacuna provoca que el cuerpo produzca anticuerpos que atrapan la nicotina y la mantienen en el flujo sanguíneo, impidiendo que llegue al cerebro. Con esto, disminuye la posibilidad de dependencia y no se obtiene sensación de recompensa al fumar. No da inmunidad para toda la vida, simplemente hace de bloqueante durante unos meses.


¿Alguna otra terapia prometedora?

R.H.: Otro de los tratamientos que se está probando es el rimonabant, un inhibidor de los receptores cannabinoides del cerebro. Actualmente se comercializa para la pérdida de peso pero un estudio mostró que, además, ayuda a dejar el tabaco. Este uso no está aprobado todavía pero una futura opción podría ser combinar el rimonabant con la vareniclina para propiciar el cese del hábito e impedir la ganancia de peso. Quizás estos fármacos sean el tratamiento del futuro, más que las vacunas.


Fuente: www.elmundo.es



domingo 8 de febrero de 2009

Los fumadores, entre el atraco y la estafa


LOS FUMADORES, ENTRE EL ATRACO Y LA ESTAFA


Pensaba dejar los cigarrillos el próximo febrero, dando por suficientes 40 y muchos años de gran fumador, pero el recrudecimiento de la cruzada antitabaco justifica un ejercicio de solidaridad con quienes siguen fumando, y aspiran a ser respetados.

En efecto, los reglamentos no mandan que las tiendas de alpinismo estampen en sus artículos esquelas sobre peligros de la escalada; ni imponen a la manteca y la mantequilla esquelas parejas sobre los riesgos del colesterol. Ni siquiera los concesionarios de motos y coches deportivos deben incorporar algo análogo sobre accidentes de tráfico. Vendedores y bebedores de alcohol, quizá por respeto al vino de la misa, no son molestados. Quienes usan compulsivamente pastillas de botica resultan pacientes decorosos, y quienes toman drogas ilícitas son inocentes víctimas, redimibles con tratamiento. El tabacómano y el simple usuario ocasional de tabaco, en cambio, son una especie de leprosos desobedientes, que pueden curarse con sanciones y publicidad truculenta.

Es indiscutible que el humo molesta, y que debe haber amplias zonas para no fumadores. Sólo se discute qué tamaño tendrán en cada sitio (edificios, barcos, aviones) las zonas para fumadores. Cuando algo que usa un tercio de la población recibe una centésima o milésima parte del espacio -o simplemente ninguna- oprimimos a gran número de adultos, capacitados todos ellos para exigir que las leyes no reincidan en defenderles de sí mismos. Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789, al reconocerse los Derechos del Hombre y del Ciudadano, gracias a lo cual en vez de súbditos-párvulos empezamos a ser tratados como mayores de edad autónomos. Y es llamativo que en un momento tan sensible al respeto por muy distintas minorías cunda un desprecio tan olímpico hacia la única minoría que se acerca a una mayoría del censo. Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.

Con todo, la sustancia del atropello no cambia al sustituir sotanas negras por batas blancas. Si atendemos al asunto concreto, vemos enseguida que la fanfarria terapeutista disimula y deforma sus términos. En primer lugar, la nicotina estimula, seda y previene algunas enfermedades; los agentes propiamente nocivos son alquitranes derivados de asimilarla por combustión. El gendarme terapéutico ¿se ocupa acaso de promover alternativas al alquitrán? Las primeras patentes de cajetillas con una pila que calienta el tabaco a unos cien grados, hasta liberar la nicotina sin producir alquitranes, tienen más de 20 años. Esos revolucionarios inventos para inhalar selectivamente han ido siendo comprados por las grandes tabaqueras, como es lógico; pero que Philip Morris o Winston se arriesguen a poner en marcha tanto cambio pide un cambio paralelo en la actitud oficial, hoy por hoy anclada al simplismo de satanizar la nicotina.

En segundo lugar, las incoherencias del terapeutismo coactivo brillan en el hecho de que sus desvelos por la salud del fumador no incluyen informar sobre o intervenir en qué fumamos, cuando el tabaco ronda una quinta parte del contenido de cada pitillo. El resto, llamado sopa, es una receta confidencial del fabricante, cuya discrecionalidad le permite novedades como añadir tenues filamentos de fósforo al papel, para que queme más deprisa. En tercer lugar, a este generalizado trágala se añaden promesas de doblar el ya exorbitante precio de las cajetillas, como si sumir en ruina al tabacómano le resultara salutífero.

Así, los deleites unidos a fumar -que son básicamente energía y paz de espíritu-, y los inconvenientes de dejar esa costumbre -que son desasosiego, y resucitar la codicia oral del lactante- pretenden solventarse con un cuadro de castigos: no saber qué fumamos, no tener alternativas a una inhalación de ilimitados alquitranes, padecer atracos al bolsillo, sufrir discriminación social, o comulgar con falsedades (como que estaremos a salvo de cáncer pulmonar, bronquitis, arteriosclerosis e infartos evitando el tabaco). Curiosamente, el cruzado farmacológico norteamericano, que está en el origen de esta iniciativa, se niega por sistema a reducir sus emisiones de gases tóxicos firmando Kioto, sin duda porque tragar humo de modo involuntario y no selectivo es tan admisible como inadmisible resulta tragarlo de modo voluntario y selectivo.

Ante tal suma de iniquidades, un grupo tan nutrido como el tabaquista debe reclamar los mismos derechos que cualquier minoría, empezando por regular él mismo sus propios asuntos. Actos de pacífica desobediencia civil en cada país, como encender todos los días varios millones de cigarrillos a cierta hora, parecen sencillos de organizar, y prometen tanta fiesta para los rebeldes como impotente consternación en el gendarme higienista.

Moliére lo comenta ya en L'amour médecin: «el tabaco es droga de gente honrada, como el café». Reconozcamos también que en tiempos de Moliére no se había descubierto el cigarrillo, ni Hollywood había promocionado tan abrumadoramente su empleo. Doy por evidente que los ceniceros sucios despiden un olor asqueroso, que el tabacómano es una especie de manco, y que fumar muchos cigarrillos genera a la larga efectos secundarios funestos. No por ello resulta más arriesgado que conducir deprisa. Ni es más insensato que ignorar el cultivo del conocimiento, la práctica de la generosidad o prepararse cada uno para su venidera muerte. Lo arriesgado es que la ley saque los pies del tiesto, lanzándose a proteger a los ciudadanos de sí mismos, como si la sociedad civil pudiera administrarse a la manera de un parvulario.

Cuando nos atracan entregamos el botín a disgusto, conscientes de padecer una agresión. Cuando nos estafan lo damos a gusto, imaginando hacer un buen negocio. Pero es estafa, y no buen negocio, cargar con planes eugenésico-paternalistas que siempre aúnan despotismo con frivolidad. Dejar de fumar sólo cuesta tanto porque sus efectos primarios -anímicos y coreográficos- generan un placer sutil. Sin duda, haremos bien dejando de fumar compulsivamente, mientras eso no nos amargue el carácter y desemboque en efectos secundarios como obesidad, inquietud o sustitutos químicos para la sedación-estimulación que obteníamos encadenando cigarrillos. Como dijo Epicteto, "nada hay bueno ni malo salvo la voluntad humana", y si lo olvidamos todo el horizonte se torna banal, no menos que proclive a confundir opresión con protección, estafa con benevolencia.

Antonio Escohotado

Fuente: www.escohotado.org



viernes 6 de febrero de 2009

Humo de tercera mano.








El humo del tabaco sigue siendo perjudicial después de que se acaba el cigarrillo.

Mientras se fuma, las toxinas del humo se impregnan en ropa y cabello.

Los niños pequeños inhalan las toxinas de diferentes maneras; al estar en contacto permanente con sus padres,
si estos son fumadores,
ellos son victimas del humo de tercera mano.



Los padres que fuman suelen abrir una ventana o encender el ventilador para eliminar del aire el llamado humo de segunda mano, pero los expertos identificaron una nueva amenaza para la salud de los niños relacionada con el cigarrillo, de la cual no es fácil deshacerse: “el humo de tercera mano”.

Este es el término que se usa para describir la invisible mezcla de gases y partículas que permanecen adheridas al pelo y la ropa de los fumadores, por no mencionar la que queda en los muebles y las alfombras, que permanece durante mucho tiempo después de que se ha ventilado la habitación. Los residuos incluyen metales pesados, sustancias cancerígenas e incluso materiales radioactivos con las que los niños pequeños pueden tomar contacto o incluso ingerir, especialmente cuando gatean o juegan en el piso.

Los médicos del Hospital General de Massachusetts, en Boston, acuñaron el término humo de “tercera mano” para describir esas sustancias químicas en un artículo enfocado en los riesgos que representa para bebés y niños. El estudio se publicó este mes en la revista Pediatrics.

Todo el mundo sabe que el humo de segunda mano es malo, pero no está al tanto de esto”, dijo el doctor Jonathan P. Winickoff, el principal autor del estudio y profesor asistente de pediatría de la Escuela de Medicina de Harvard.

“Cuando sus hijos están fuera del hogar, los padres fuman. O fuman en el auto. O sientan a los chicos en la parte trasera, le ponen el cinturón de seguridad, lo protegen y fuman, y ellos piensan que está bien porque el humo de segunda mano no está afectando a sus hijos”, el Dr. Winickoff agregó: “Necesitábamos un término para describir estas toxinas del tabaco que son invisibles.”

El humo de tercera mano es lo que uno huele cuando un fumador se sube al ascensor después de haber fumado un cigarrillo, explicó, o es lo que uno huele en la habitación para fumadores de un hotel. “Su nariz no miente -dijo-. Todo es tan tóxico que su cerebro le está diciendo: “váyase”.

El estudio se basó en los resultados de una encuesta a 1.500 estadounidenses. Una amplia mayoría, tanto fumadores como no fumadores, conocían lo perjudicial que es el humo de segunda mano en los niños. El 95% de los entrevistados no fumadores y el 84% de los fumadores estaban de acuerdo con que: “inhalar el humo del cigarrillo de los padres, puede dañar la salud de los bebes y de los niños”.

Ya que el término “humo de tercera mano” es tan nuevo, los investigadores preguntaron a los encuestados si estaban de acuerdo con que: “Respirar hoy el aire de una habitación, donde fumaron ayer puede dañar la salud de los bebés y de los niños”. Solo el 65 % de los no fumadores y el 43% de los fumadores, estuvo de acuerdo con esa declaración, por lo que los investigadores interpretaron un reconocimiento de los riesgos del humo de tercera mano. Los investigadores encontraron que la creencia de que el humo de segunda mano daña la salud de los niños no estaba asociada con la estricta prohibición de fumar en el hogar y en el auto.

Por otro lado, la creencia de que el humo de tercera mano es altamente perjudicial, incrementó la posibilidad de que los fumadores aumentarían las restricciones de fumar en el hogar. Esto nos dice que tenemos un nuevo mensaje de salud. “Lo que nosotros escuchábamos era: Enciendo el ventilador y el humo desaparece” Con esto nos están diciendo que ellos saben que es dañino pero que ellos tienen la forma de resolverlo.

El doctor Philip Landrigan, un pediatra que dirige el Centro de Salud Ambiental Pediátrico de la Escuela de Medicina Monte Sinai, de Nueva York, dijo que la frase “humo de tercera mano” es un nuevo término que tiene implicaciones para el comportamiento.

“El mensaje central aquí es que cerrar la puerta de la cocina para fumar no está protegiendo a los niños de los efectos de ese humo. Existen sustancias cancerígenas en este humo de tercera mano, y son riesgo de cáncer para las personas de cualquier edad que entren en contacto con él.”


Fuente: finlayinstitute



miércoles 4 de febrero de 2009

4 de febrero: Día Mundial contra el Cáncer


4 de febrero: Día Mundial contra el Cáncer



El cáncer es una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo. La OMS calcula que, de no mediar intervención alguna, 84 millones de personas morirán de cáncer entre 2005 y 2015. Cada 4 de febrero, la OMS hace frente común con la Unión Internacional contra el Cáncer y, con el patrocinio de ésta, promueve medios para aliviar la carga mundial de la enfermedad. La prevención del cáncer y el aumento de la calidad de vida de los enfermos son temas recurrentes.


La OMS estima que un 40% de los cánceres podrían evitarse por el simple expediente de no consumir tabaco, hacer ejercicio regularmente y observar una dieta saludable. El tabaquismo es la principal causa evitable de cáncer en el mundo.


El principal objetivo de la campaña del 2009 es de luchar contra el sobrepeso y la obesidad infantil, dos factores de riego que pueden llevar al cancer a la edad adulta.





Fuente: Organización Mundial de la Salud


martes 3 de febrero de 2009

Los ex fumadores estarían solos a la hora de prevenir recaídas


Los ex fumadores estarían solos a la hora de prevenir recaídas

N

o hay evidencia de que las terapias conductuales permitan que los fumadores que acaban de abandonar la adicción no vuelvan a fumar, concluyeron los autores de una revisión de las estrategias de prevención de recaídas.

Asimismo, mientras que la vareniclina (Chantix) le ayudó a algunos fumadores a evitar recaídas, el tratamiento de largo plazo con bupropion (Zyban) "no tendría efectos clínicos importantes", escribió en The Cochrane Library el equipo dirigido por el doctor Peter Hajek, de la University of London.

Los autores revisaron 54 estudios para identificar qué herramientas están disponibles para prevenir recaídas en ex fumadores.

El enfoque de la terapia conductual, que "mantiene su monopolio en este campo", incluye enseñarles a los ex fumadores cómo identificar situaciones que los tentarían a fumar y cómo evitarlas. La revisión no halló evidencia de que eso sea efectivo.

Los pocos estudios sobre otro enfoque, con un seguimiento telefónico o en persona de los participantes después de la cesación tabáquica, también dieron resultados negativos.

"La mayoría de los ex fumadores no siguió yendo a las clínicas ni usando las líneas gratuitas", indicó Hajek en un comunicado del Center for the Advancement of Health difundido con el estudio.


Sólo estudios pequeños analizaron la terapia extendida de reemplazo de la nicotina, "en paradigmas que únicamente generarían una baja adherencia al tratamiento", de modo que el equipo opina que se necesitan más estudios sobre ese enfoque.

Otra revisión, publicada en la revista sobre estrategias para prevenir el aumento de peso al dejar de fumar, reveló que las intervenciones conductuales no individualizadas no son efectivas y hasta estarían asociadas con una reducción de la abstinencia.

Al dejar de fumar, la mayoría de las personas engordan unos 7 kilos en promedio, señaló el equipo de la doctora Amanda C. Parsons, de la University of Birmingham.

Mientras que el bupropion, la fluoxetina (Prozac), la terapia de reemplazo de la nicotina y la vareniclina evitaron que los pacientes engordaran mientras los usaban, el efecto no se mantuvo cuando los participantes dejaron de consumirlos o los habían usado a largo plazo.

El mejor enfoque fue la terapia cognitiva conductual individualizada, que les permitió a los pacientes mantener la abstinencia y controlar el peso, indicó el equipo. Hubo evidencia también de que el ejercicio resultó útil.

"Se necesitan más estudios para confirmar ese efecto", concluyeron los autores.




Fuente: www.buenasalud.com

domingo 1 de febrero de 2009

Dejar de Fumar (3ra. parte)









Apagar el último cigarrillo, es el primer paso de un cambio positivo en la vida de un fumador.

El miedo a enfrentar los síntomas de la abstinencia, es capaz de paralizarte y peor aún, de hacerte posponer indefinidamente el dejar de fumar.

Atrévete a dar ese gran primer paso.

Concéntrate en lo que ganas y no en lo que pierdes.

El síndrome de abstinencia no dura toda la vida.

Toma acción… Apaga y no vuelvas a encender.




P

asados unos días, comenzaremos a ser conscientes del gran camino que llevamos andado. Ahora no tiene por qué parecernos una misión imposible, pues, del mismo modo que hemos conseguido pasar uno o varios días sin fumar, podremos pasar el resto. Sin embargo, deberemos estar atentos para que esos acontecimientos no nos creen una euforia incontrolada que nos incite a volver a fumar por considerar una tarea fácil dejar de hacerlo. Como siempre, nuestra ansiedad buscará todo tipo de argumentos para hacernos caer en las redes de sus deseos, en este caso fumar. Esa euforia puede ser motivo para volver a fumar, dada la confianza que hemos adquirido de nuestras posibilidades en esta reciente experiencia. Lejos de dejarnos engatusar por el deseo de fumar, disimulado ahora y fácilmente desapercibido tras esa euforia, deberemos continuar atentos y ser capaces de detectar las nuevas argucias de nuestro deseo, sin subestimarlo, aprendiendo a cada instante cómo es y cómo se manifiesta; felicitándonos por ser capaces de hacerlo.

Así, podrán pasar los días, las semanas, los meses y los años, y nosotros deberemos continuar atentos a nuestras sensaciones y pensamientos; pues, éste, como cualquier otro problema derivado o provocado por nuestra ansiedad, tendrá las mismas características y cualidades que los demás de su género. Así, nuestra ansiedad intentará abrirse paso con otra conducta compulsiva encaminada a evitar esa ansiedad, a mitigar nuestro insaciable deseo. Fácilmente nos encontraremos inducidos a comer desmesuradamente tras el abandono de ese hábito, o a beber, o a realizar cualquier otra actividad compulsiva que supla al hábito que hemos abandonado o genere otro distinto sin necesidad de suplir. Sin embargo, si no cesamos en nuestra práctica, si ésta pasa a formar parte de nuestra vida, no como una obligación tediosa más, sino como una interesante actividad de aprendizaje y descubrimientos, aprenderemos a conocernos cada vez mejor a nosotros mismos, a disfrutar de todas aquellas cosas que, aun insignificantes en apariencia, componen de forma grata y amable nuestra vida; a no ansiar.

No deberemos bajar la guardia aun con el paso de los meses e incluso de los años, pues, si nuestro esfuerzo queda sólo en la mera demostración de que somos capaces de dejar ese hábito, muy probablemente volveremos a caer en él. Aun teniendo controlada nuestra apetencia, mientras exista el más mínimo rastro de ella, deberemos machacar y meditar sobre lo traicionero de ese deseo, de lo falso de los pensamientos que lo provocan; pues, a buen seguro, si continúa existiendo el deseo de fumar es porque no hay un pleno convencimiento de lo negativo de ese hábito. Y si no hay un pleno convencimiento de lo negativo de ese hábito, es porque no se ha trabajado adecuadamente la meditación y el cambio de pensamientos, por lo que deberemos continuar haciéndolo una y otra vez, de forma calmada, meditando acerca de los predicados de esos pensamientos que despiertan en nosotros el deseo de fumar, y empleando el pensamiento adecuado en sustitución del pensamiento que enuncia nuestro deseo de fumar, desmantelando los argumentos que intenten convencernos para hacerlo.

Al comienzo de nuestra práctica en detectar las sensaciones y pensamientos que se relacionan con nuestra adicción, nos costará mucho trabajo detectarlos y modificarlos; sin embargo, practicando llegará a resultarnos muy fácil esa tarea; a la par, adquiriremos pleno convencimiento interior, plena comprensión, de que no nos conviene fumar, y nuestro deseo de hacerlo cesará; y si surgiera de forma puntual, nuestro pensamiento intuitivo, cultivado con esa práctica, resolvería de forma rápida y eficaz neutralizando ese deseo.

A estos consejos sólo resta añadir que tengan especial cuidado en los ratos de somnolencia, cuando nuestra atención es menor y nuestro deseo puede crecer con más libertad. Estos periodos de tiempo es frecuente que se den, entre otros, después de las comidas, lo que, sumado a la costumbre general entre los fumadores de encender un cigarrillo después de las mismas, supone una ligera dificultad añadida. El consejo es que aprovechen para practicar relajación durante ese rato, o que realicen alguna actividad que les mantenga más despiertos y entretenidos.


Fuente: Dejar de fumar