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jueves, 3 de julio de 2008

Los grupos de autoayuda.


“Aquí tú eres el principal... Nadie más... Nos vamos a ayudar entre todos...
Todos somos iguales.”



Este modelo de funcionamiento fue creado hace más de 60 años en EEUU por dos alcohólicos que se reunieron con el objetivo de ayudarse a enfrentar el problema del alcohol. Estos grupos son una forma específica de redes sociales. De alguna manera la aparición de éstas, y su descomunal crecimiento en los últimos años debido entre otras cosas al auge de los medios de comunicación masivos, es en cierta manera una revolución. Al parecer, la mayoría de nuestras instituciones se está tambaleando, y el lugar que antiguamente ocupaba la tribu o la parentela, ahora es ocupado por la red, uno de cuyos elementos fundamentales son los grupos de autoayuda. La red genera una cantidad de energía tal que es capaz de remodelar la sociedad, ofreciendo al individuo apoyo emocional, intelectual, espiritual, transformándose en "un hogar invisible".

Los grupos de autoayuda han llegado a ocupar un lugar vacío. Brindan contención emocional para enfrentar situaciones angustiantes psíquicas y/u orgánicas y sus miembros se ayudan unos a otros, en tanto que simultáneamente adquieren la fortaleza del grupo como unidad. La función de estos grupos es ofrecer apoyo y enriquecimiento mutuo, fortalecer a los individuos y cooperar en su transformación. Se logra así comprender mejor la situación, intercambiar conocimiento y experiencias, y por lo tanto recuperarse de situaciones o enfermedades, o bien evitar su avance, limitando sus consecuencias. El sólo hecho de poder compartir con iguales las vicisitudes del problema que lo aqueja, es un hecho terapéutico.

Sus miembros se reúnen en iglesias, hospitales, escuelas y a veces en los propios hogares, tratando de tener una actitud democrática y abierta a la comunidad. Deciden la periodicidad de sus reuniones, y suelen reunirse entre una y dos horas, semanalmente en recintos no muy grandes. Suelen contar con una cantidad de integrantes habitualmente no mucho mayor de veinte personas, eligiendo a los coordinadores de entre sus componentes. De esta manera, creando un ambiente cálido y hospitalario, buscan sentarse en círculo, para poder compartir mejor sus experiencias y opiniones frente al resto del grupo. Y entre todos tratan de establecer códigos internos y objetivos que los cohesionen. Normalmente en estos grupos existen ciertos supuestos sobre la forma de vincularse de sus miembros. No se juzga, ni se critica, no se interpreta, ni se aconseja. Tampoco se establecen diálogos ni discusiones. Simplemente se habla desde la propia experiencia, que se supone es la mejor manera de ayudar a otro ser humano. Y se escucha lo que los demás tienen para aportar desde esa experiencia compartida. Las personas reflexionan sobre los temas que les ocupan y comparten sus pensamientos con el resto del grupo para ser respetuosamente escuchados.

Sus objetivos siguiendo habitualmente un "programa de 12 pasos" implican el crecimiento personal psicológico y espiritual. Al convertirse en observadores de sus propios procesos psicológicos y emocionales, van tomando conciencia de sus posibilidades de cambio, y del hecho de que los seres humanos pueden elegir su conducta cooperando con "las fuerzas superiores". En este contexto, se entiende por fuerzas superiores, no sólo la idea de Dios, tal como lo comprenden las religiones tradicionales, sino cualquier elemento que se acepte como superior a uno mismo, como podría serlo el mismo grupo, o cualquier clase de entidad mayor al sí mismo. Esto permite que personas agnósticas o ateas puedan integrarse al grupo y compartir la tarea de trabajo, autocontención y crecimiento interior, apoyándose en el grupo.


Los grupos de autoayuda

Un grupo de autoayuda es un conjunto de personas que tienen una situación de vida o problema común y se reúnen para hablar y apoyarse. Con la ayuda mutua buscan y construyen mejores formas de manejar una similar situación de vida; mejores formas de relacionarse en su familia, su trabajo, su escuela y consigo mismos. Se brindan así un espacio social de apoyo. Un grupo de autoayuda no es una asociación política ni religiosa; tampoco para militar a favor de alguna causa. Es un lugar para aprender a vivir mejor y lograr la tranquilidad.

En un grupo de autoayuda se puede hablar de todo lo que uno siente y de todo lo que a uno le ha pasado, estando con otros que viven una situación similar. Por estos motivos, es natural e importante el respeto. Por ejemplo, saber que todo asunto y detalle personal que se diga en el grupo y la identidad misma de quienes participan serán protegidos. Aclarando la propia experiencia se puede incluso definir mejor quien se es; cómo preferiría ser y lo que realmente se desea. Es por esto que frecuentemente los participantes sólo se conocen por su nombre de pila. Generalmente nadie esta obligado a dar detalles que le identifiquen, aunque entre compañeros termine por conocerse a cada participante muy íntimamente.

Cuando una persona acude por vez primera a un grupo de autoayuda lo hace por cuenta propia. Nadie lo obliga. Puede bien ser invitado y animado por otros, pero para lograr resultados, el compromiso necesita ser personal. Se acude y se sigue participando por una situación de vida y problemática que se reconoce como propia y que se desea afrontar. Cada persona acude para ayudarse a si misma, pero comprende que en solitario es imposible resolver el tipo de situación que le llevó al grupo. La ayuda de otros es imprescindible. Aunque cada persona acude por y para sí misma, al compartir y trabajar con otros lo propio, se hace recurso útil y necesario para todos. Esta forma de colaboración social es la ayuda mutua y por su estructura y concepción se produce más fácilmente en los grupos de autoayuda. En las relaciones sociales la ayuda mutua se genera cuando quienes interactúan comparten un mismo proceso subjetivo, asociado a una situación y problemática común. En este camino es de elemental justicia la reciprocidad de que todos participen por igual, aunque para algunos sea difícil y lenta la posibilidad de hablar. Es por eso imposible tener observadores, coordinadores profesionales, especialistas o a cualquiera que se considere en distinta situación y posición. Quien se integra a esta forma de colaboración lo hace por cuenta propia, para ayudarse, con la confianza de que participando activamente avanzará. Esta disposición y acción termina por hacerse también una ayuda para otros, sin ser ese su objetivo inicial. Por los principios de la participación de cada uno, y la consecuente forma de interacción, el grupo de autoayuda genera un proceso de ayuda mutua. La decisión personal es de autoayuda. La colaboración resultante es ayuda mutua. Y al grupo lo podemos describir como de autoayuda o también de ayuda mutua.


Fuentes: Cristina Meyrialle – Las adicciones y la Recuperación Transpersonal. – Ayudamutua.org